En Sonora, las confusas alianzas sin sentido y otros cuchupos

Las alianzas no son nuevas, en México se han registrado desde el inicio de la llamada era institucional; las siglas partidistas son tantas pero, hay algunas inolvidables.

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Escribe: Claudio F. Orenday

En Sonora, quedan únicamente unos días para que se concreten las confusas alianzas sin sentido como la que abanderará a Ernesto Gándara Camou.

La alianza, que tentativa y extraoficialmente se denominará Sí por Sonora integrada supuestamente por el PRI,PAN y PRD tiene que pactarse el martes 22 de diciembre.

Esta asociación político-partidista, no tiene más complicación que el reparto de posiciones. Es decir, no propone un proyecto que atraiga a las multitudes.

El propósito según se sabe, no va más allá de la Cámara de Diputados.

Más claramente, es únicamente una estrategia para quitarle la mayoría a MORENA y sus aliados en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

Se especula que el reparto se basa en candidaturas comunes en casi la mitad de los 300 distritos electorales, que encabezará el PAN con 61 lugares, seguido del PRI en 53 y 44 para el PRD.

Con esa meta, se busca acotar la concentración del poder presidencial arrebatando la mayoría que sirve incondicionalmente a Andrés Manuel López Obrador.

Lo que ofrecen es un reparto de distritos, no un programa o proyecto de Gobierno, es y será una costosa operación numérica.

Sobre ese escenario, preguntarán muchos ¿Qué pasará con el Borrego Gándara?

De entrada, su no muy entendida explicación sobre su renuncia a su militancia en el PRI y su renovada aspiración como ciudadano, no le servirá de mucho.

Las aclaraciones tendrán que ir mucho más allá, si es que realmente busca el apoyo de los sonorenses.

Por ejemplo, nada más para ir calentando el brazo ¿Qué papel juega Gustavo de Hoyos Walther?

¿Hasta dónde llega el mando de Claudio X. González? ¿Están por encima de las dirigencias partidistas?

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Alianzas inolvidables y las confusas envueltas en el misterio que no lo es

En la realidad que sí existe pero, que por lo general los políticos no ven y suponen que tampoco la ven los eventuales electores, las alianzas son como una bola que no bota.

Las alianzas no son nuevas, en México se han registrado desde el inicio de la llamada era institucional; las siglas partidistas son tantas pero, hay algunas inolvidables.

Recordar las suscritas entre el PRI y los míticos, casi olvidados PPS y PARM o las de la supuesta izquierda moderna que en 1994 se aglutinó con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Había en aquel entonces, un propósito de cambio, tenían una meta.

En estos tiempos, la explicación no se ha dado. La única justificación es terminar con la llamada anormalidad democrática de López Obrador.

Camino difícil y complejo el que ha escogido alias El Borrego Gándara, la oferta resulta confusa y sin sentido ¿ su papel será empujar a los candidatos a diputados federales?

Las alianzas son parte de la política, sin embargo, en estas tierras no inspiran confianza, generan dudas y como siempre, hay sospecha, se presumen otros cuchupos.

En los países avanzados, las alianzas son los cimientos de los gobiernos, en México como en Sonora, nos encontramos muy lejos de ese punto.

No hay porque no existe, una democracia participativa con un sistema parlamentario en donde los acuerdos, alianzas o coaliciones electorales sirvan a un propósito.

Desafortunadamente, la bola no bota, ni la que traen unos y mucho menos los otros.

Para mala suerte de las mayorías, las dos pelotas solo son, al final del camino, el resultado de las cuentas, la repartición que sostiene la anormalidad democrática.

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